miércoles, 20 de abril de 2011

LA TRADICIÓN DE LOS HUEVOS DE PASCUA


Esta costumbre de los huevos de Pascua, que a los pequeños les hace tanta ilusión, es una adaptación de un rito pagano que representaba el renacer de la primavera.


Mil años antes de Cristo, los fenicios, que tanto recorrieron los mares, llevaron este símbolo de la vida por las costas mediterráneas hasta Marsella y muy probablemente hasta Cádiz. Figuraba que del huevo nacían el hombre y la mujer. Estos huevos fenicios se hacían de arcilla y los ponían en las tumbas como expresión del renacer de la vida, como ellos esperaban. De Fenicia pasó esta tradición a Bizancio, donde se pintaron los huevos de rojo, símbolo de la sangre y por lo tanto de la vida. Desde Constantinopla pasó esta costumbre a Europa Central y desde allí a nuestra vecina Francia y a nosotros.
Es costumbre esconderlos en el jardín o en la casa, para gran regocijo de los más pequeños, y sus pinturas llegan a ser verdaderas obras de arte.
Al llegar el cacao a Europa, importado por los españoles, en el siglo XVI, se encontró un producto comestible que no se estropeaba en un largo plazo y surgió esta dulce costumbre que aún perdura hoy en día en los huevos de chocolate.
Y ya que de huevos hablamos, unos consejos: para que los huevos no estallen al cocerlos, pinche su parte más gruesa con la punta de un alfiler. Tenga cuidado de no meter un huevo recién sacado de la nevera en agua hirviendo: cascaría. Si esto le ha sucedido, añada al agua un chorro de vinagre, que cuajará lo blanco del huevo. Lo mejor es comenzar a cocerlo con agua templada.
Para separar las yemas de las claras existen aparatos especiales muy prácticos, pero si carece de él utilice un embudo, la yema quedará atrapada y la clara caerá.
Como anteriormente hablábamos de huevos de Pascua decorados a mano, no es cuestión de cascarlos para comernos el interior, vacíelos antes. Para ello, pínchelos con una aguja gruesa por ambos extremos, el de la parte más gorda deberá ser un poco mayor. Sople luego suavemente por la parte del agujero más pequeño y verá cómo saldrá por el otro lado el contenido, que recogerá usted en un cuenco.
Y para decorarlos en casa sin problema si no es usted experto pintor, recurra a las peladuras de cebolla si quiere unas cáscaras en tonos marrones o rosáceos. Las espinacas las teñirán de verde claro y las remolachas de rojo. Si quiere efectos especiales ponga elásticos en diferentes partes de la cáscara, que formarán líneas blancas, y si terminadas todas estas operaciones quiere que brillen, frótelos con un poco de algodón impregnado en aceite.

No hay comentarios:

Publicar un comentario